Reparto por mensajería
Motivos de entregas fallidas: cómo detectarlos, medirlos y reducirlos
Los motivos de entregas fallidas casi siempre se conocen a grandes rasgos —«no cogió el teléfono», «no había nadie en casa», «lo cambiamos de día»— y casi nunca se conocen en cifras. Mientras el informe muestre una sola línea de «no entregado», no hay forma de saber si el dinero se pierde en direcciones malas, en franjas horarias demasiado amplias o en un par de técnicos que no avisan con antelación. Veamos cómo descomponer los fallos en grupos claros, qué hacer con cada uno y cómo organizar el segundo intento para que el pedido no acabe convertido en devolución.
Entrega fallida, reagendado y rechazo: por qué no conviene mezclarlos
El primer error al medir es contar como fallo cualquier caso que no termine con la mercancía en manos del cliente el mismo día. Detrás de esa fórmula general se esconden sucesos radicalmente distintos, y cada uno se corrige de otra manera.
- Reagendado a petición del cliente. El destinatario responde, quiere el pedido y solo cambia la fecha o la franja. Económicamente es una visita extra, no una pérdida.
- Fallo por causa nuestra. El mensajero no llegó a tiempo, la dirección estaba equivocada, el artículo no era el correcto o venía dañado. Aquí se pierde dinero y también confianza.
- Destinatario ilocalizable. No contesta al teléfono, no está en casa, el portero automático no funciona, el recinto está cerrado. Formalmente no es culpa de nadie, pero la segunda visita la paga usted.
- Rechazo en el momento de la entrega. El cliente cambió de idea, el producto no le convence, no tiene efectivo para pagar. Eso ya habla del producto, del precio y de la información previa sobre las condiciones, no de logística.
- Devolución el mismo día. El pedido se entrega y se anula acto seguido: un escenario aparte que a menudo se disfraza de entrega exitosa.
Mientras estos casos vayan juntos en el mismo saco, cualquier análisis carece de sentido: una bajada del porcentaje global puede significar tanto que la coordinación ha mejorado como que simplemente ha caído por temporada la proporción de pedidos prepagados. Separar por grupos no es burocracia, es la condición para que la cifra se pueda gestionar.
Lista práctica de motivos: por qué se caen realmente las entregas
La experiencia demuestra que la inmensa mayoría de los fallos cabe en una lista corta. Esta sirve como base y se adapta después al flujo de cada operación.
Relacionados con el destinatario:
- Ilocalizable: el teléfono está apagado, no contesta o el número es incorrecto.
- Ausencia en la dirección durante la franja acordada.
- Reagendado a petición del cliente, incluso tardío, ya con el mensajero en la puerta.
- Rechazo en la entrega: cambió de idea, el artículo no le sirve, no tiene con qué pagar.
- Recoge el pedido otra persona cuando las condiciones exigen un destinatario concreto.
Relacionados con la dirección y el acceso:
- Dirección incompleta: falta el bloque, el portal, la planta o el número de oficina.
- Portero automático averiado, sin código, o hace falta un pase para entrar al recinto.
- Edificio de oficinas cerrado, almacén o local que no abre a la hora indicada.
- Error de geocodificación: el punto del mapa no coincide con la entrada real.
Relacionados con la ejecución:
- Retraso por una ruta sobrecargada o por el tráfico.
- El pedido no salió del almacén, se preparó incompleto o se confundió en la carga.
- Daño o discrepancia del artículo detectados en el momento.
- Incidencias técnicas: avería del vehículo, móvil sin batería, sin cobertura.
- El técnico enfermó o no se presentó y no dio tiempo a reasignar.
Merece mención aparte la «entrega en dirección equivocada»: poco frecuente, pero cara, cuando el pedido se deja en un domicilio que no era. A diferencia del resto, casi siempre delata un problema sistémico: calles con nombres idénticos, direcciones copiadas a mano o falta de comprobación antes de entregar.
Catálogo de motivos: cómo dejar de leer texto libre
El problema más habitual del registro es el comentario en formato libre. «El cliente no coge el teléfono», «ilocalizable», «he llamado 3 veces», «no está, le llamé»: son cuatro anotaciones del mismo suceso y ninguna consulta las va a sumar.
La solución es sencilla: una lista cerrada de diez a quince opciones que el técnico marca con un toque, más un campo opcional para los detalles. Las reglas para redactarla son estas:
- El enunciado describe un hecho, no una valoración. «El destinatario no contestó a las llamadas» en lugar de «culpa del cliente».
- A cada motivo le corresponde una acción propia. Si dos opciones desembocan en el mismo procedimiento, únalas.
- Hay una evidencia obligatoria. Foto de la puerta o del portal cerrado, registro de la llamada, comentario; si no, la revisión acaba en la palabra de uno contra la del otro.
- Se registra la hora y el lugar de la marca. Sin eso no se distingue una visita real de un cierre del aviso a posteriori.
- La opción «otros» existe, pero se vigila. Si su peso crece, toca actualizar el catálogo.
A partir de ahí se miden cuatro indicadores: el porcentaje de pedidos no entregados sobre el total, la estructura de motivos dentro de ese porcentaje, la proporción de segundos intentos exitosos y el coste de la visita adicional. Los tres primeros se obtienen en una semana; el cuarto exige al menos una estimación aproximada de la hora de trabajo del técnico y del kilómetro recorrido. Y conviene comparar no solo un periodo con otro, sino también unos técnicos con otros, ciudades y categorías de pedido entre sí: así es como se localizan los puntos donde se concentra el problema.
Qué hacer con cada grupo de motivos
Cuando se conoce la estructura, el trabajo deja de ser una «mejora de la calidad» genérica y se convierte en una serie de pasos concretos.
- Clientes ilocalizables. Una llamada o un mensaje entre 30 y 60 minutos antes de llegar resuelve buena parte de los casos. También ayuda un enlace de seguimiento: el destinatario ve que el mensajero está en camino y no ignora la llamada de un número desconocido.
- Ausencias dentro de la franja. El problema casi siempre está en la amplitud de la ventana: cuanto más ancha, menos probable es que alguien espere en casa. Estrechar la franja solo funciona junto con una planificación que después la respete de verdad.
- Direcciones deficientes. Normalización al dar de alta el pedido, campos obligatorios para bloque y portal, y un campo aparte de «cómo entrar» con el código del portero y el pase. Un comentario de acceso recogido una vez ahorra visitas durante años.
- Retrasos. Una ruta sobrecargada es consecuencia de la planificación manual: en una hoja de cálculo es imposible tener en cuenta a la vez las ventanas horarias, los tiempos de trayecto y las restricciones.
- Preparación y mercancía. Una lista de comprobación al salir del almacén y la verificación del contenido antes de arrancar eliminan la parte más frustrante de los fallos: cuando el técnico llega puntual y no tiene nada que entregar.
- Disciplina de los técnicos. Revisión sobre avisos concretos, con foto y hora, no sobre un porcentaje global.
En lo técnico, la cuestión se reduce a una sola pregunta: ¿llegan los hechos de la ruta al sistema en el momento en que ocurren? En itlogist el técnico marca el resultado desde una interfaz web móvil con informes fotográficos y listas de comprobación, el coordinador ve las rutas en el mapa en tiempo real y puede reasignar un aviso antes de que se estropee la jornada, y el cliente sigue el estado desde su área personal; el funcionamiento completo se explica en la página de Gestión de mensajeros.
Segundo intento: dónde se pierde el pedido de forma definitiva
Una entrega fallida rara vez se convierte por sí sola en una pérdida. El pedido se pierde en el segundo intento: cuando se aplaza sin fecha, se asigna sin acordarlo con nadie o sencillamente desaparece de la cola.
Esto es lo que conviene fijar por procedimiento:
- Plazo de reacción. Contactar con el destinatario el mismo día o, como mucho, al siguiente: cuanto mayor es la pausa, mayor la probabilidad de rechazo.
- Vuelta automática al plan. Un aviso sin cerrar no debe esperar a que alguien se acuerde de él: regresa a la cola de asignación con un estado claro.
- Límite de intentos. Dos o tres; a partir de ahí, renegociar las condiciones o devolver. Las visitas infinitas cuestan más que el propio pedido.
- Ventana acordada para el repetido. Una segunda entrega «cuando se pueda» lleva exactamente al mismo resultado que la primera.
- Registro del coste. Cada intento entra en el cálculo del coste del pedido; si no, las visitas repetidas siguen siendo invisibles en los informes.
Vale la pena mirar por separado el porcentaje de pedidos que se cierran al segundo intento. Si es alto, significa que la información inicial sobre el destinatario era mala y lo que hay que arreglar es el alta del pedido, no el trabajo de los mensajeros.
Plan a cuatro semanas
Los fallos se abordan mejor en ciclos cortos: primero medir, después un solo cambio, después comparar.
- Primera semana: fijar la base. Implante la lista cerrada de motivos y recoja el porcentaje actual de pedidos no entregados y su estructura. Ese es el punto de referencia al que volverá siempre.
- Segunda: los datos del cliente. Campos obligatorios de dirección y acceso, verificación del teléfono al dar de alta el pedido, aviso de la hora de llegada.
- Tercera: la planificación. Franjas realistas y carga de trabajo repartida teniendo en cuenta ventanas y restricciones; el motor de optimización basado en OR-Tools calcula el orden de las paradas con más precisión que una ordenación manual en una hoja.
- Cuarta: la retroalimentación. Revisión de fallos concretos con técnicos y coordinadores, actualización del catálogo de motivos y fin de la duplicación de informes en papel.
Mientras tanto, los pedidos deben entrar a trabajo desde las fuentes de siempre: itlogist intercambia datos con 1C, AmoCRM, Bitrix24 y Excel, así que no hace falta pasar direcciones a mano, y es precisamente ese tecleo manual el que genera parte de los errores en las direcciones. La puesta en marcha lleva 7 días, sin contratos de permanencia, y la plataforma está pensada para equipos de 5 a 100 técnicos, de modo que la hipótesis se puede probar sobre el flujo real y comparar con la base de la primera semana.
El resultado principal de un ciclo así no es una bajada puntual del porcentaje, sino la costumbre de mirar los fallos como una estructura. Cuando se ve que la mitad de los pedidos no entregados corresponde a clientes ilocalizables y un tercio a direcciones incompletas, el siguiente paso resulta evidente sin necesidad de reuniones.
→ cómo registra itlogist los motivos de entrega fallida y las segundas visitas
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los motivos de entrega fallida más frecuentes?
En la mayoría de las operaciones de mensajería el grueso se reparte en cuatro grupos: destinatario ilocalizable por teléfono, destinatario ausente en la dirección durante la franja acordada, reagendado a petición del cliente y problemas de dirección o acceso —dirección incompleta, portero automático averiado, pase de entrada al recinto—. Los retrasos y los errores de preparación suelen pesar menos, pero cada caso sale más caro porque el fallo es por causa nuestra.
¿Cómo se calcula bien el porcentaje de pedidos no entregados?
Divida los pedidos no entregados entre el total de los planificados en el periodo y desglose siempre el resultado por motivos del catálogo cerrado. Mida aparte la proporción de segundos intentos exitosos y el coste de la visita adicional. Una cifra global sin estructura no se puede gestionar: sube igual por direcciones deficientes que por rutas sobrecargadas, y las medidas en cada caso son completamente distintas.
¿En qué se diferencia un reagendado de una entrega fallida en los informes?
El reagendado es un cambio de fecha o de franja acordado con el cliente: el pedido sigue en pie, la relación no se ha roto, pero aparece una visita extra. Una entrega fallida por causa nuestra supone incumplir un compromiso. No se pueden mezclar: en el primer caso se trabaja sobre la precisión de la planificación y el aviso al cliente; en el segundo, sobre la carga de los técnicos, la preparación y la calidad de los datos del pedido.
¿Cuántas veces tiene sentido reintentar una entrega?
Una referencia práctica son dos o tres intentos; a partir de ahí sale más a cuenta acordar nuevas condiciones o tramitar la devolución. Más importante que el número es el procedimiento: contactar con el destinatario el mismo día, fijar una ventana concreta y acordada y devolver el aviso al plan de forma automática, no según la memoria del coordinador. Cada intento debe entrar en el cálculo del coste; si no, las visitas repetidas no se ven en los informes.
¿Qué reduce más rápido el número de fallos?
Avisar al destinatario de la hora de llegada y poner orden en los datos de dirección. Una llamada o un mensaje antes de salir resuelve buena parte de los casos de cliente ilocalizable y de ausencia, y los campos obligatorios con bloque, portal y comentario de acceso eliminan los casos más frustrantes, esos en los que el técnico llegó pero no pudo entrar. Ninguna de las dos medidas exige cambiar los procesos del almacén y ambas dan efecto en las primeras semanas.